Exánime,
examina a su ex,
ya exangüe. Existe
el éxtasis, casi,
aunque lo execra,
apenas lo exhibe al externo y
exsuda, en elixir,
pues se extingue.
Eximida de una vez
ella lo exfolia,
lo excusa.
Lo excluye, al fin
y la Excursión verdadera exclama
"excítate". La excelencia está
en exceso.
Porque tu felicidad me hacía feliz.
Porque parecía sonrojarse el cielo cuando vos sonreías,
porque las estrellas brillaban más cuando vos las mirabas,
porque tu voz navegaba por mi sangre, me oxigenaba,
porque la vida sin vos se tornó menos lúcida, y menos mística,
porque siento que necesito verte bien, porque me daba placer
complacerte.
Porque nunca sentí esto,
porque nunca me toqué tanto el fondo del pecho,
pensando en alguien.
Porque sentía brotar las flores a cada centímetro de mi cuerpo,
porque no era sólo físico.
Porque quiero comunicártelo,
no quiero que me lo devuelvas, aunque me encantaría,
no quiero que me des simplemente lo que quiero,
no quiero presionarte, privatizarte,
no quiero controlarte ni afectarte.
Sólo quiero comunicártelo, para liberarlo y asumirlo,
para abandonarlo si es necesario, para soltarlo y soltarme,
para dártelo y que te lo quedes.
Y voy a llamarte, algún día de estos, para mencionarlo
y soltar el cordón
que va directo al corazón
para cortarlo mientras lo voy desmenuzando, para vomitarlo,
porque es tuyo. Porque alguna vez te perteneció, y olvidaste llevártelo.
Y si me lo devolvés aceptaré y te agradeceré por escuchar,
y veré si me tejo con el hilo algun suéter que me abrigue
alguna vez que sienta que no puedo amar,
y si te lo quedás y lo cortás vos, entenderé y sabré
que no me lastimará. Que no lo necesitaba, que ya está.
Pero si tomas el cordón y lo conectás con vos,
si te lo adherís al corazón, a la mano, a tu cuerpo,
si dejás aún incrustada la otra punta en mi alma,
si dejás que fluya la sangre, si me compartís
entonces no sé qué haré, tal vez atónita en silencio me quede,
mientras me recorra de nuevo por mi escencia ese perfume
que alguna vez olí de vos. Mientras el cerebro me estalle
y se me fusionen las ideas y los tiempos,
mientras con sinceridad tiemble y no pueda reaccionar
te apreciaré,
y sonreiré, con cariño
a la oportunidad.
El carnero vive en la zona escarpada de la montaña,
remontando por la fraga el abrupto del viento,
soportando en los tobillos la dureza de la roca filosa,
de la piedra mal pulida. El carnero asciende
de a saltos, incluso, hábil le gusta
lo complicado. La dificultad le apasiona, lo impulsa
hasta el peñasco, algunos arbustos son confusos y
la maleza persistió desde siempre. Los ripios
invariables de una tarde sin brisa,
asemejan el tiempo de sobra al
cielo agrisado.
Las horas que resuenan
como un eco perdido entre las cavernas y la sequedad,
evocan al alma ese estupor
del típico hermitaño,
del musgo podrido.
Es tiempo ahora,
apúrate:
relájate.
Es tiempo ahora,
ya ya,
desprendete
de las sogas
inmundas.
Es tiempo ahora,
salí, corré,
dibujá, quedate, escribí.
Tomá té.
Tomate tu tiempo,
el rojo del tomate
que esté e tu pecho.
Que caiga un relámpago
y te fulmine de fuerza el centro,
que no supure
que no derrame,
que no contagie,
que ame. O que quiera,
que desee, que ansíe,
que viva, simplemente
de sí.
Sí,
es tiempo ahora
de ser
de otra manera,
más vos.