domingo, abril 19

Risueño

Ah, la nostalgie
Esas épocas de revoloteo,
de compases marcados, pies que
saltan y bailan
en una línea enrulada.
La música, además,
chispeante, alegrante,
cheerful
destinada directo al plexo
solar.

Y ahora el teclado
dejó de ser blanco y negro,
ahora es carne y hueso
de tu piel.
El mismo traspasar
fluyente al sistema de
venas y arterias
algo corrompidas.
Quizás,
seré veloz mañana
y reiré como si el aire
se acabara en un ratito,
quizá estaré en silencio
observadora al cielo
y a la tierra que está tan
dinámica.
Quizás vaya el calor
a sofocarme como cuando
el verano se me pega a las piernas
y me enroja y pegosea,
o quizá el otoño me apañe
en su retazo cobrizo, me acurruque
y ronronee como un gato de la calle.
Quizás se adelante el invierno,
imponente,
y me traiga de nuevo recuerdos,
porque es lindo recordar en invierno.
Es lindo sentarse a tomar un té.
o café, o mate
o chocolatada, para los enamoradizos,
y ver un álbum viejo,
ver una película de los remotos tiempos
de cuando eras niño,
o ver la ventana, el afuera,
el exterior que
te fulmina de sosiego. Ver las nubes
clarísimas, blancas,
algodones acongojados y fríos,
el frío también a veces
es cálido.
Por qué no,
soñar con una fogata
y un amor al lado,
por qué no soñar,
las paredes de madera,
el caramelo del ambiente,
la dulzura del rubor,
los dedos fríos, rositas,
los codos, rositas,
las rodillas, los tobillos, la punta
de la nariz. 
Los ojos
entrecerrados
chiquititos
somnolientos, adormilados,
sonsoñantes,
como susurros
de las pupilas.
La boca algo seca, la lengua fría
con ganas de té, 
sí, un té
humeante, transparente,
límpido de
estrés.

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