domingo, abril 26

Intranquila

Dios mío, que no aguanto
los minutos, que no llego
a la hora, que el reloj
me carcome cada hueso, que las costillas
se contraen, se quiebran y se clavan
a todos mis órganos. Que siento fallecer
cuando lo pienso, cuando lo siento vacío
cuando siento la nada que me es todo,
cuando la paradoja me pisa la cabeza
y me estalla los sesos. Cuando mis piernas
se cansan de la espera, se paran y se sientan
una y otra vez sin descansar, sin entender. Que
siento caer a un pozo oscuro de incertidumbres
y los murciélagos me miran, colgada al revés
y saben que no soy como ellos porque
no tengo alas.
El fuego que tanto cuido va a terminar consumiéndome,
como a un chupetín, que de a poco va a llegando a su final
para convertirse en nada, sí, algo así,
pero al nivel del alma.

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