"Lola y Valentina,
dos zorras muy amigas,
no les importa ni su vida,
solo quieren anfetaminas.
Se pasean por el barrio
mordiéndose los labios,
no se juntan ni con listos ni sabios,
ellas andan por donde hay escabio.
Valentina y Lola,
cuidado que te violan,
van a la playa, muestran toda la cola,
y no se meten al agua: se la tapan las olas.
Juntas andan a todos lados,
por esquinas posan durante un rato
así reciben un par de halagos,
ya les es natural la boca de pato.
Alguna vez se pelearían,
"Me debés plata" le dijo Lola,
"Soy una rata" rió Valentina.
La primera una piña casi le emboca,
la segunda a carcajadas la esquiva.
Se agarraron a los pelos,
cayeron por la ventana de donde estaban, el telo,
siempre se tuvieron envidia y celos
ahora a las dos las cubre el mismo velo".
Qué tersos los versos inmersos
en tus besos, se ven sonar
melodía,
la luna del día, femenina
transpira y efímera
se deja.
Añeja ya, añora,
las horas se alejan,
se ven moraleja,
no te dejan crecer.
El anhelo te hace vieja,
la fe empiezas a perder,
tus lágrimas contaminan
y ya no encuentras salida
a tus sentimientos
adversos
y sin momento.
Y a la luz de la luna
tus pupilas oscuras,
en tu piel se dibuja
con mi lápiz de bruja
a la noche que alumbra,
a vos cojiendo a tu puta.
Ya no me importa, ya no me inmuta,
me pone mal pero se refuta
el amor que te tuve alguna
vez, porque al fin estoy astuta
y tu respiración no me asusta.
De todo esto lo que me gusta
es que me entiendo ya a mi ruta,
a mis pies y a mi cuna,
pues sí, me siento segura,
y mi alma ya eructa
sólo una frase: Adiós, viruta.
Su flequillo, oscuro, tupido, comenzaba tapando sus cejas, suplicantes, torcidas en dirección al cielo, y donde éstas terminaban, caídas, aplastaban con piel de párpado a sus ojos, entrecerrados, no muy grandes, observadores aunque ahora a la nada. La curva que se formaba con las esquinas de sus ojos caía como lágrima, delineándose el corte de su rostro, pasando por sus pómulos altos, por sus mejillas delgadas, rosadas, rectas, que se encurvaban en un triángulo suavemente redondeado, su pera, oculta por su mano, que sostenía toda su cabeza. Un anillo en el pulgar, su palma fría a su vez se conectaba por su muñeca, apulserada de retazos de tela y cordones coloridos, con su brazo flaco color trigo, que más de una vez le dijeron era terso y liso. Este terminaba de caer en su codo, algo reseca la punta, que en una Ve se doblaba continuando por el antebrazo, igual de flaco, pero ya más claro, de menos sol. Su hombro, cansado pero fuerte, algo adelantado, destacaba lo esbelto de su espalda, fina, ancha, femenina, de cuyo centro emergía un cuello menudo, diagonal, de tres lunares. Dos collares, uno cerrándole la garganta, ajustado, callador, cuyo dije era un círculo metálico, vacío, rellenado de un encaje negro, nublador, un poco muerto; el otro collar, largo hasta el esternón, amparado en sus dos pechos medianos, se formaba de cinco cadenas libres, brillantes y distintas entre sí. La protegían y le entregaban fuerza, amuletos de su vigor. Y este cuello resguardador de sus voces, sus cuerdas, sus acordes, se encastraba en su pequeña cabeza, pelos revueltos por el viento o por sus manos, pensante, reflexiva, enviciada con un ciclo amoroso insufrible, adictivo, ambiguo y circular, como su posición que donde empieza termina, inconscientemente elegida. Ella eligió, también, este vicio. Ella eligió, también, este asfixio.
Sí, porque mi pija es re grande y es larga y ancha, perfecta para las chicas, me aman y adoran: soy su dios, eterno porque les doy el placer y hago con ellas lo que se le cante a mi pito. Él y yo somos uno, pensamos para el beneficio común, igual a veces se me va de las manos y necesito alguna mina que me cachetee.
He bajado al infierno
dos años allí me han demacrado
Que las mentiras, que los cuernos,
que las ilusiones y los dados,
que dos años sintiendo
un cuerpo abusado.
He conocido el infierno
bastante mal la he pasado,
me han dicho "mi amor" y "te quiero",
embusteros, me han engañado,
flasheaba vivir momentos amenos
junto a alguien de corazón tirano,
me estoy recuperando, al menos,
trato de seguir caminando.
una pintora iba por las calles encontróse con un viejo de harapos todos sus trajes -"mire qué bella esa esquina" -"me duele mucho la barriga" -"mire qué bellos matices" -"el hambre entra por las narices" -"mire qué hermosos los limoneros" -"ay, si tuviera dinero; ay, si tuviera dinero" -"usted no aprecia la belleza" -"me duele mucho la cabeza" -"no le mostraré mis óleos, usted es un insensible" -"¿serán sus cuadros comestibles?" -"¿no piensa nunca en la aurora?" -"el hambre es ahora" y cuando la cruenta noche devora al sol le agarran a ella antojos de otra canción: la pintorcita se va caminando al río dejando al viejito solo muerto de frío
A la risa,
hermana de la sonrisa,
que a lo lejos se divisa,
le dedico este poema
de esta humilde poetisa.
Contagiosa, asombrosa,
digna de todo,
perfecta en todo,
oportuna, simple, sincera,
melodiosa y viajera,
va, variando de colores,
se transforma en beso y logra sabores,
enternece miradas y refuerza amores.
Risa que sonríes
no vaya a ser que, rutilante, desvíes,
porque a veces eres confusa pero no son viles
tus intenciones, mucho menos hostiles.
Risa conquistadora,
viciada y adoradora
del bienestar, la pasión, te acomodas
en el pasillo de un hospital, en el medio de las bodas,
no impacientas ni incomodas,
gozas, pues estás siempre de moda.
Risa que hipnotizas,
resuenas en el pecho, en las almas te izas,
del pizarrón de la amistad, tú eres la tiza,
puedes enamorar, y no siempre avisas.
Risa contagiosa,
te expandes, cáncer, viciosa,
y te guardas en las articulaciones de las estructuras óseas.
Risa, risa, de las expresiones la más hermosa,
idiosincrasia del hombre, naces y gozas,
tu gracia no tiene nombre, eres luz infecciosa.
Va,
se dora
los sesos,
no adora
sus huesos,
y llora,
sólo implora
de esos
besos fríos,
ilesos,
fantasmas,
desalma- dos
cual ellos dos algo ama-rra-dos
en amor a-dos
in toxic a-dos
en venen a-dos
a to si ga-dos
a tos y gas-dos
A voz y ci garros
sí, barros,
sí, garrón,
tarascón
tan varón
tan cagón.
Se estanca con
el falo y yo.
El falso vos,
la sal sobró,
la sed sumó,
la fé, esfumó
Es tu voz
que suspiró
se inhibió
y se extinguió.
En
cárcel
a-dos.
Hados
una vez más,
iman ta-dos
sin alas no
se inhalan, son
dos?
"Cruel. Me volví cruel, luego de él, no pude evitarlo. El sufrimiento fue largo, mis latidos se amargaron, desganados, mi corazón palpita sólo por la fantasía de alguien que valga la pena, alguien que me acepte ahora cruel. Tan cruel y maliciosa, egoísta, viciosa, que ningún hombre me podrá superar, ni volver a dañar. Rapaz, ahogaré penas y verdades en el alcohol, me fumaré en cada cigarro los problemas y con fuerza impondré mis lemas. Los demás temas serás de las mesas ajenas, yo por mi parte diré "no le temas a la muerte, por tu suerte, que ella corre por tus venas" y así recorreré el mundo, cual vagabundo, con estilo propio y sin apuros, haré de mi vida lo que quiera mi culo, y no dejaré que nadie me toque, para encontrarme, que alguien me invoque, pues ya soy espíritu solitario y ten cuidado que me enoje".
"Desangraba el cielo. Sus nubes blancas ya no eran blancas, ya no eran nubes, eran manchas color Octubre, negras violáceas, azules grisáceas, parecía estarse por llover, pero antes debía atardecer, como mi amor, la caída del sol se tornaba miel, cálido panorama que me helaba la piel, se ahorcaba el globo dorado en la horca de la tierra llorosa, mojada antes de la lluvia, tan húmeda como cuando diluvia. Se la veía venir el mundo, la tarde entera gozaba el espectáculo, era cierto lo que había dicho el oráculo, muere toda grandeza con certeza en el punto exacto, y así bajaba el sol, y mi ritmo cardíaco, como un maníaco se dirigía a su punto de defunción, los árboles tenían escalofríos y el viento se asustaba, el cielo rojo apaciguaba aunque de todas formas era muerta mi aura. Se fue tornando oscuro el paisaje, no hacía falta ningún lenguaje, cayó el sol y yo tomé aquel mortal brebaje, el amoníaco en mi sangre se esparcía como la tormenta en el aire".