martes, septiembre 30

5.30 am

Así que volvió a su casa
triste, todo había sido una farsa:
que se amaban, que eran el uno para el otro,
que la quería cerca, no ver sus fotos.
Ella sabía lo que era el amor,
ella sabía que no debía haber dolor
y hasta ahora, ella sólo había sufrido
con cada mentira en la que se había metido.
Se había mentido, 
se creyó sus falacias,
sus contradicciones sólo trajeron magias
negras.
Ásperas, las noches le enfriaban la carne y los huesos,
lentamente la envenenaban sus besos, 
y cuando él empezaba a dejar de dárselos,
ella sabía que se acercaba a la cárcel o
al adiós.
Él era muy duro con ella, la trataba de inferior,
ella le hacía caso y le pedía perdón.
Poco a poco se fue desgastando la relación,
los caminos se apartaban y la desviación los mataba.
¿Habría algún día conexión?
¿Acaso es que existió?
¿Qué hacía a ellos pensar
que juntos iban a acabar y que no se iban
a separar?
¿Por qué tan difícil era todo?
¿Por qué no existía otro modo?
Ella se cansó un día,se levantó
de la cama de él y partió.
Él le dijo unas palabras,
vanas,
ella ya no escuchaba nada.
Se tomó el bondi, bajó y se tiró en una plaza.
Se sintió cadáver y a la vez revivió.


Call

Pueblo cualquiera, Francia. Nueve de mayo, cinco menos cuarto de la tarde.
La vida seguía normal, la gente estaba tranquila, hasta que se oyó un estruendo en el cielo, y todos miraron hacia arriba.
Cien mil habitantes, todos observando el mismo punto plateado que se agigantaba a cada segundo, cayendo hacia el centro de la ciudad a una velocidad brutal. Iba tomando forma, y razón. Todos se aterrorizaron.
Claire, horrorizada, no lo dudó un segundo. Si había alguien de quien debía despedirse, era de él.
Jean Lucas tampoco dudó. Tomó el teléfono y marcó su número. La línea daba ocupada.
Claire no entendía con quién podría estar él hablando en ese momento. Su llamada era urgente,debía decirle que lo amaba con toda su alma hasta los confines de la tierra.
Jean Lucas desesperaba. Volvió a llamarla, a escuchar el tono de ocupado, a cortar y a volver a llamarla.
Claire lloraba. Llamaba y cortaba, todavía ocupado, ¿¡qué estaba pasando con él?!
El punto ya no era punto, ya era grande, fervorosamente incandescente, y estaba cerca. Jean Lucas la amaba demasiado, gritó de furia y pasión para que al menos ella lo escuchara, pero a los dos segundos la bomba cayó, el impacto y la destrucción de la materia, se desintegraron los cuerpos y los sonidos fueron totalmente superados por la explosión. Nada más se oyó en aquel pueblo de Francia, un nueve de mayo a las cinco menos diez de la tarde.

sábado, septiembre 27

Cirilla

   "A Cirilla no le gustaban los parques. Al menos, no de día. Cuando iba, por las noches, llevaba una vela, para alumbrar los árboles y escuchar sus hojas, livianas, moviéndose por el viento y danzando con fragilidad. La llama se le apagaba constantemente, pero a ella no le molestaba eso. Podía estar horas encendiéndola, ella amaba el fuego. Luminoso, cálido, y tan etéreo, tan ligero.
   Cirilla siempre usaba un pañuelo,o mejor dicho una chalina, de color claro. Se la envolvía suavemente por el cuello y la dejaba caer por la espalda, y le encantaba sentirla flotar con la brisa y fluir como si fuera aire. Su preferida era la rosa viejo, clarita, femenina,con lunares verdes manzana. Los lunares, amaba los lunares, los puntos, los círculos, pero no las esferas. Siempre detestó la palabra "volumen".
   Cirilla se despertaba temprano, casi naturalmente, para oír los pájaros. Los admiraba, los veía volar y su cara brillaba, soñadora, anhelante.
   Cirilla pesaba 129 kilos, un día quiso seguir al viento y se tiró de su balcón".


jueves, septiembre 25

Retrato I Niña

  "Nací un viernes lluvioso, mismo día en que murió mi madre. Me bautizaron y tomé la comunión, y ahora siento de verdad una gran conexión con Dios y el Universo, porque cada vez que llueve, siento que llora conmigo el cielo. No fui al colegio nunca porque mi padre siempre dijo que era muy frágil, que hay gente mala que se podría aprovechar de mí. Pero yo no les tengo miedo. No le temo a nada, ni a la muerte, que para mí, es el reencuentro con mi madre.
  Mi pelo es lacio, muy lacio, mis pies son fríos, muy fríos, pero no me gusta usar zapatos. No me gusta abrigarme. No me gusta comer. Sólo me gusta tomar agua, y mojarme. Empaparme, mejor dicho. Sólo ando en bici porque los colectivos tienen mucha gente, y a mí nadie me interesa. Salgo de noche porque la oscuridad me llama, las noches son cálidas aquí, y me recuerdan al vientre.
  Sinceramente, no creo llegar a vivir mucho, por eso sólo quiero dedicar mi vida a lo que más me gusta: las mujeres".