"Nací un viernes lluvioso, mismo día en que murió mi madre. Me bautizaron y tomé la comunión, y ahora siento de verdad una gran conexión con Dios y el Universo, porque cada vez que llueve, siento que llora conmigo el cielo. No fui al colegio nunca porque mi padre siempre dijo que era muy frágil, que hay gente mala que se podría aprovechar de mí. Pero yo no les tengo miedo. No le temo a nada, ni a la muerte, que para mí, es el reencuentro con mi madre.
Mi pelo es lacio, muy lacio, mis pies son fríos, muy fríos, pero no me gusta usar zapatos. No me gusta abrigarme. No me gusta comer. Sólo me gusta tomar agua, y mojarme. Empaparme, mejor dicho. Sólo ando en bici porque los colectivos tienen mucha gente, y a mí nadie me interesa. Salgo de noche porque la oscuridad me llama, las noches son cálidas aquí, y me recuerdan al vientre.
Sinceramente, no creo llegar a vivir mucho, por eso sólo quiero dedicar mi vida a lo que más me gusta: las mujeres".

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