Guitarra, me gritas
al oído y ay
que suspiro.
Sollozante horario de
lactancia. El estado
depurativo de la
materia. La putrefacción
a la cama. La muerte
interna.
Sí, se interna
en la habitación
gritando por dentro y
acuchillándose con
injurias.
Odiándose.
Se detesta entera, se sufre, se aniquila,
se mutila
con emociones y los rencores
son hacia ella.
Ella, ella, ella.
Todo es ella:
la culpa, la vida, el mundo.
La visión, la inteligencia, los asuntos
son todos a razón de ella misma
y sin sus piernas, pues
no habría ni aristas
a su desgraciado cubo.
El tiempo nunca cesa pero
a veces parece. A veces crece
en estupor y se detiene
como un paro cardíaco. Mece
el fondo a sus partes, sus extremidades,
su vagina, su pene, su pecho, su mente.
A veces convence
al dueño de que sí, sí existe
eso que no, sí,
pero igual..
igual nada.
La natación nunca fue
un estado de ilusión, solo fue
un modelo de ejercitación,
inmersión al mundo del propio mar,
perdón, del propio mal
porque al oscurecer bajo la superficie,
tensa de nervios,
escalofríos. Por todo tu cuerpo.
Y asusta que
guste
tanto.
Estrofa estrofa
verso rima
sinécdoque espacio
metonimia.
Las luces se contradicen,
mienten,
te dicen ay si, yo soy
buena dulce sana
pero bien que si algo interpone
opacan.
Astutas, aprovechan el ser inertes
para zafar de todo, sólo son amadas
y ni lo saben.
La envidia.
Y la gente las envidia. Las ve y
'arg,
aléjenlas'. 'Brillan
me dañan los ojos'
'nunca quise ver luz'.
'Cuevas, por favor,
varias'.
Bueno morite,
matate solo, destruite
quedate sentado hasta
famélico sucumbir,
mirá el aire pero a mí dejame salir.

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