Hay una voz
aquí, susurrando
palabritas
de tristeza,
hay una voz
melódica y
melancólica
que es adicta
a sí misma, sí,
se llora.
Tocar el violín
es como acariciar un gato
y oírlo ronronear
de cómodo.
Su sonido me
retiembla el esternón y
las costillas, mi corazón
puede quebrarse.
A veces se estallan
como disparos, emociones
dispares
a la razón. A veces
el ambiente de color
lo torno gris
al taparme
los ojos. El olor
de las flores
puede pasar tan
desapercibido.
El calor
del sol perpendicular
apenas reluce
las pieles.

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