Anoche observé el cielo y la luna parecía un farol,
el asombro de su grandeza me llenó de estupor,
la sombría brisa del éter oscuro logró su efecto:
me contagió de la quietud y frialdad del típico sin-afecto.
El pavimento lucía negro y se fundía con mis pupilas,
a veces me dejo llevar por las tristezas más anodinas,
mi aura lila se estremecía al unísono
tornándose gris como cualquier humo místico.
Las palabras sublinguales,
que se ocultan del arte, son iguales
a la represión que años mas tarde
se subleva.
Y cómo se subleva, claro, esa es la cuestión,
tanto tiempo torcida la ha puesto
furiosa.
Alevosa, estalla en injurias ante cualquier que se le acerque,
ojalá alguien pudiera conseguir que se
infecte. Ojalá una fiebre
la interne en cama diez años hasta
recapacitar,
todo lo que ha hecho sólo la ha llevado a maldad.
Pero, querida hermitaña, estás perdonada,
a veces olvidas la amistad pero cuando ocurre te salva.
Proyecta tu verdadera ánima desde el fondo,
no temes ya, pero por si acaso, no temas.
Li li li
bertad
Niños jugando
bacterias, aires,
risas y rubor
Al rededor
caballos
veloces, al viento
inalcanzable
presente
ya nuestro.
Música
mu
música
que melodiza mis
sueños, y que lo hace
tan bien.
Cánticos me provocan
sálticos que me evocan
espíritus de viejos muertos
amados
adorados
extrañados
transformados.
Lejana
la sensación
de felicidad, pero
cercana
la emoción
de tenerla.

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