Una sonrisa, creo que desdentada, de oreja a oreja. Era la marca de una persona feliz. Un hombre con energía positiva, contento de no sé qué.
Y el colectivo no le paró, siguió de largo.
Yo vi desde la ventanilla como esa sonrisa bajó un grado. ¿Cómo no le vas a parar a una sonrisa así?
Entonces noté la indiferencia de las personas. Esa negatividad que le tienen a las sonrisas simples, que salen del alma, estando solo en la calle.
Me quedé mirando la ventanilla como una tonta. Pero casi me pongo a llorar.
Esa sonrisa desvaneciéndose fue horrible.
Una de las cosas más horribles de este día.
Este día rojizo.

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