domingo, agosto 12

Caníbal

Sentada en mi banco del medio, al lado de mis amigas, con vista al frente. 
Por momentos los ojos se me van, u oigo tu voz, y te miro. Te veo sentado, con tu remera simple, tus bermudas de jean y tu pierna temblando como siempre. Mientras estás concentrado en la clase, intento observarte disimuladamente, sin que te des cuenta, sin que nadie se de cuenta. 
Cada parte de tu cuerpo tiene una atracción visual muy sutil. Me sumerjo en tus ojos, me ahogo en tu boca, me acomodo en tu cuello liso, trato de que no me notes, pero aveces lo hacés, y me mirás. 
No puedo explicar la sensación que posee mi cuerpo por esos segundos que dura tu mirada, penetra hasta el centro de mi ojo, conexión pupila con pupila sin nada que pueda interferir. Se crea un vacío por donde el hilo que nos une va. Hay un agujero negro en nuestra visión, y nada nos puede interrumpir.
Me fusiono. Esos ojos azules, una puerta al cielo despejado, de una tranquilidad absoluta junto con un ardor excitante, 
dan un escalofrío en mí... 
Me intimidan, pero al mismo tiempo creo que sentimos lo mismo. 
El mismo fuego apasionado, las mismas ganas de devorarnos el uno al otro. Y aveces, me guiñás el ojo, se me eriza la piel, y siento cómo lentamente me voy derritiendo desde adentro. 
Me devorás sin necesidad de una palabra.
Estar cerca tuyo... es como sentir olor a sexo.
Un olor a sexo que desmaya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario