Cosas nuevas, sobre vos, que te hicieron descubrir.
Un día en el que empezaste mal, sensible, sin ganas.
Todo te afecta el triple, y buscas alejarte, estar solo.
Seguís siendo la misma persona de siempre, pero triste. Aflicción, melancolía.
Tristeza, el sinónimo de este tipo de días.
Días de mierda.
Y la única solución es la soledad.
No te gusta estar solo, te sentís vacío,
aburrido, inexistente, impotente.
Pero es lo único que te puede ayudar a parar este estado. Por lo menos frente a los demás.
Te preguntan qué te pasa y no sabes qué responder.
Sólo decís "nada" con el tono más falso posible.
Tan falso que es obvio.
Tu boca tiembla, tus músculos labiales se revelan,
no podés disimular ninguna sonrisa más.
Tratas de tener la mirada más tranquila posible.
Fingís un estado normal. Pero todo se contrae.
Tus cejas se tuercen, tus ojos se humedecen,
tus pupilas se apagan, tu mirada habla. Usás una fina careta de vidrio.
No podés mantenerte erguido. Tu mente no lo está. Estás chueco, deforme, afligido.
Todo tu cuerpo se achica, se encoge, como tu ánimo. Hablan. Habla tu espalda fría. Tus manos muertas, tus piernas tontas, tus pasos lentos. Los únicos que funcionan son tus oídos, escuchás lo que se habla, los chistes, las risas, las respiraciones. Pero no entendés ninguno de ellos. Pierden sentido. Tu existencia se torna inútil, sos un fantasma.
Aquellos que te notan intentan animarte.
Pero es difícil hacer parar un cadáver.
Te dicen "no te preocupes", frases vacías, vacías de tan comunes que son, y no te sirven. Y luego esperan que sigas adelante de lo más bien.
Pero es difícil hacer correr un cadáver.


No hay comentarios:
Publicar un comentario