No me hables de flores,
ya sin él no hay ni pimpollos.
No me nombres los colores
que con él se fueron todos.
Mi último suspiro
se quedó en ese 'adiós',
en los besos de papiro,
donde se cierra el telón.
Igual estoy convencida
de que te vas a cansar
y no estaré sorprendida
cuando me vuelvas a encontrar.

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