Una poción que sólo se encuentra en el fondo del mar, en la superficie del sol, en la calidez del bienestar.
Vos fuiste esa pócima, con un efecto de larga duración, mantuviste una sonrisa inamovible en mí. Una felicidad que sólo puede acrecentarse y acrecentarse. Podía morir después de esa noche. En serio podía. Imaginar algo aún mejor me resultaba difícil, sé que puede existir, pero me bastó con unas horas. Unas horas tan hermosas que deseaba que fueran interminables. Cada minuto que pasaba, cada roce, cada beso, cada palabra, todo deseaba que fuera infinito. Fuiste un fuego que me incendió desde el pelo hasta la mente, y soy consciente de que, perversamente, me hizo bien.
Tengo una felicidad que no puedo explicar, me enardece. Se desvanecen las palabras para describirla, se me esfuman, se me disuelven y se fusionan, creando una masa de razones y sentidos que la vuelven única. Inefable completamente. Es de esas felicidades que no se pueden llamar felicidades, son más. Lo único que puedo hacer es sonreír de sólo pensarla, y la sonrisa no me alcanza. Emano una luz que no controlo, que me palpita por dentro, que se prendió desde el centro.
Podía quedarme toda la noche simplemente acostada en la cama, mirándote. Estar al lado tuyo era sumamente extraño y dulce. De sólo volver a pensarlo se me va el cuerpo, se me van los brazos, las piernas, la cabeza, todo se cae al recuerdo. Algo al cual podría sumergirme durante horas y horas, soñando, sonriendo, amando. Podría vivir de tan solo tu existencia, tu sonrisa. El resto no hace más que convertirme en una persona demasiado feliz, tan feliz que superaría el universo, achicaría al espacio y el tiempo para estar a tu lado envuelta en tus brazos y acariciando tu espalda, oliendo tu perfume y escuchando tu voz. No importa lo que pronuncies, todo me suena armónico y melodioso, estremecedor y seductor, delirante y encantador. Si pudiera verte más seguido me quedaría sin reacciones, estaría tan encantada que no me podría mover más que sonreír y sonreír. Me quedé estancada en una sonrisa que podría ser eterna.
Los recuerdos no abrazan, los recuerdos no besan. Pero vos no sos un recuerdo. Me topé con algo distinto a todo.
Mi memoria no te guardó como un recuerdo abarcador y constante, de esos que no te dejan ni pensar en otra cosa. Está guardado en otro lado, no en el cerebro, y tampoco en el corazón. Estás corriendo por mis venas a cada segundo, no necesito ni pensarlo para saber que seguís en mí, como un colorante que tiñó mi sangre de otro color. Estás en mis cinco sentidos, tanto que los saturaste. Me transmitiste una energía que se adhirió a mi piel, a cada centímetro de mi cuerpo, te siento presente todo el tiempo. Puedo sentir mis neuronas electrocutándose como solían cuando me acariciabas con tu respiración, tus besos aún siguen en mi boca, relamiéndose y derritiéndose como un chocolate que cada vez se deshace más, con un gusto increíble y distinto a cada minuto, dejándome tonta y colgada por unos segundos. Tu piel sigue rozando la mía, como si me bañara en una miel que no para de llover.
Se me cierran los ojos y no es por sueño.
Me florece un sonrisa y es sólo por tus besos.
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| Florecí |


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