jueves, octubre 23

Corte de pelo

El pelo es como la vida.
Crece, se alarga, se alínea, se va formando de su conocimiento, y uno puede peinárselo y acomodárselo a su mero sentimiento. Se distingue de las ideas y la mente cuando, conjuntamente, éste se corta. Una idea no se aborta. Creo.

 Llegué a su casa, después de un arduo y tortuoso viaje de dos horas, y cuatro colectivos. Uno para llegar a la estación, otro para ir a su casa, otro para volver a la estación después de haber notado equivocarme de ramal, y otro para ir a su casa, esta vez de verdad. Me sequé las vergonzosas lágrimas de mis cachetes de lunares morados, y toqué la puerta. Los lunares morados en realidad son granos y tienen ese color porque están lastimados, están todos cerca de la esquina de la boca porque seguramente son marca de sonrisas falsas y algo bobas. Me abrió la puerta con un aura risueño, azul claro estaba el cielo, pasé adentro y traté de mantenerme en cero. No fue fácil, puesto que se me raja el cráneo casi, cuando me presentó a una chica que ahí se contenía la sonrisa de felicidad y parecía ser su nueva amiga. El mundo se me vino abajo pero mis emociones las guardé debajo de mi cama. En ese momento demostrarlas nos servía de nada. Como no pude ni arrancarme una sonrisa estuve seria pensando en la miseria de mi vida.
Me pidió cortarle el pelo, y bien se lo corté. Procuré hacerlo rápido para irme a las tres, y así fue, más tiempo ahí con ellos sería sólo perecer.

Un rulo, dos rulos, mechón.  A cada tijeretazo se descuartizaba mi corazón. Y cuando, distraída en la utopía, le acicalaba la nuca vi por su garganta se distinguía un chupón. Mi mirada cambió y mi mente razonó. ¿Qué pasa conmigo que aún no entiendo que este camino está perdido? Me chisteó y me dijo "la que está ahí, es mi novia", era obvia la situación, "vos y yo somos amigos", algo dentro se partió.
Seguí, me esforcé en terminar, rajarme y aniquilar todas mis emociones, mis nociones de tiempo espacio se esfumaron, sólo pensaba en acabar con todo, despacio destruirlo todo y volverme lodo. Negra por dentro, mi mirada oscurecía cada cosa que veía, la negatividad me regía y mi vulnerabilidad a ella se rendía.
Último rulo, ese era yo, cortada de su vida, su mente, y por un instante, perdida. Futuro no divisaba. La existencia me dolía como una puñalada.
Se fue a bañar y no dudé un segundo. Tomé mis cosas, mi mochila, "me tengo que ir por un asunto". Sin saludarlo a él me despedí del resto y luego désto me borré: apenas salí lloré.

Tal vez tardo en aprender pero, sin querer, ya algo era cierto, ya me quité el velo: me corté de él como aquel corte de pelo.


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