Me despido yo
de este arduo trabajo
de conquistarte,
de tratar de enamorarte.
Me despido yo
que ya no quiero forzar cosas
ni especular situaciones.
No quiero ya hacerme ilusiones.
No quiero gastar vida
en una compatibilidad de la que
no estoy segura.
No quiero que me quieras, y te aburra.
Así que, te dejaré espacio,
tienes todo tu tiempo
para pensar tus cosas y vivir tu vida.
Mientras yo, me sentiré viuda,
madrugaré, aunque no soy diurna,
para pedirle al cielo
una urna
para mí
y descansar así,
me da igual mi fin,
si me buscas, dulzura, estaré ahí.
Siento que mi cabeza
es un mundo de fantasías,
ilusiones, mentiras,
pavadas y malezas
que me enturbian pensamientos
y las maneras de vivir.
Pienso, y soy mi problema
Yo soy mi propio problema.
Me anudo neuronas
y las asfixio de ego,
¿por qué tanto ego?
¿De dónde saliste, monstruo?
Cierto, de mí, hijo de puta.
Pero no hay que dejarla estar,
a esa actitud parásita astuta
la hay que matar.
Al ego no hay que dejarlo progresar
porque cuando el ego avanza
un martillo te rompe la cara
y te deja ciego y solo.
Qué derroche, qué festín
se habrá hecho el ego en mí.
Pero no, mi no querido,
no te dejaré sobrevivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario