Lo instantáneo del instante sólo me sorprende. Tal vez me conmueve.
Lloro por la ausencia. Por tu ahora eterna ausencia. Parecía estar pero no lo estaba, nunca estuviste ausente.
Pero ahora no estás más, no más, sí antes, ya no, nunca más, etcétera. Ahora es cuando te ponés a pensar realmente cuando se dice "si tan sólo pudiera verlo una vez más". Y decirte todo lo que tengo para decirte, todo lo que tengo para abrazarte y besarte, todo lo que tengo para enorgullecerte, sabiendo que es la última vez. Eso es lo que quiero. Quiero saber que sabías que yo te amaba. Quiero asegurármelo, aunque pueda suponerlo, quiero tocar tu alma y que toques la mía, quiero que me sientas, quiero sentirte de nuevo.
Quiero saber que no te perdí.
Quiero pensar que estás todavía acá conmigo, quiero sentir tu perfume Fahrenheit, el de invierno, el de verano, el de día, el de noche. Quiero robarte la ropa y hacerte notar que te la robo, porque odiabas eso y a la vez te encantaba. Te fascinaba que yo te pudiera tanto. Yo era tu punto débil, y vos el mío. Pero nunca te sentí tocado, por eso nunca me viste tan destruida como vos pudiste haber estado por mí a causa de alguna falla mía. Nunca me fallaste.
Lloro por saber que pude haberte dado más. Lloro por saber que pudiste haberme dado más.
Lloro de la tristeza que me causa saber que con vos se fueron muchas cosas. Se fue mucha magia de mi vida. Bah, mejor dicho, se fue la renovación de esa magia. Porque tu magia la sigo teniendo.
Me echaste polvo de hadas sobre la cabeza.
Me gusta saber cómo persiste y persistirá aquella estrella molida en mí, y en muchos más. Me gusta pensar en el futuro que se viene en tu honor. Me gusta saber lo grande que fuiste, porque grande fue tu muerte, pero no más grande que tu vida, por eso seguís vivo.
Uno vive porque alguien te piensa.
Pero me gustaría saber, me gustaría creer, que en algún lado, sea donde sea, estás mirándome, y estás sonriendo. Porque quiero saber que fui algo bueno en vos, quiero saber que te hice más bien que mal, quiero saber que sabés que te amo y amaré eternamente (mis lágrimas de este momento te lo pueden confirmar) y quiero que me veas sufriendo por vos, porque aunque me hayan dicho que a vos no te gustaría verme así, yo sé que lo entenderías, seguramente, porque sabés que fuiste el amor de mi vida, el hombre de mi vida, y yo fui la muchacha de la tuya, tu hija preferida, aunque no me gustara que dijeras esto. Siempre fui tu elegida. Y me elegiste para despedirte en mis brazos, en mis propios brazos, pequeños, todavía débiles para alzarte, perdón por ser tan torpe, perdón por no acomodarte bien en la cama.
No puedo caer en la realidad. Estoy viviendo recuerdos constantemente.
Lloro el pasado que no es más presente y no será futuro.
Y te voy a llorar toda mi vida, papá, porque vos y yo somos iguales en esto, vivimos recordando porque nos encanta recordar, y nos encanta admirar y analizar los recuerdos, ergo el presente, ergo la vida. Nos encantaba pensar juntos. Éramos dos flechas cuando estábamos de buen humor. Y nuestras peleas eran el fin del mundo. Siempre supiste que eso era por lo mucho que nos amábamos.
Me decías frívola.
Cómo te lloro, papá. Y nunca voy a dejar de hacerlo. Siempre lo supiste.
¿¿¿y ahora dónde estás???? ¿Te voy a volver a ver?? ¡¡Por qué no se saben las respuestas de estas preguntas todavía!! ¡¡¡Las necesito!!!
Las necesito para llenar ese huequito de incertidumbre de mi mente. Necesito que me ronronees una vez más. Necesito enamorarte y que me enamores. Necesito extraer el oro de toda tu cabeza, tu magnánima y única cabeza.
Cuando estaba sola con tu cajón se me ocurrieron las frases más bonitas que pude haberte dicho. Espero las hayas escuchado. Espero te hayan gustado.
Siempre me decías "Si yo tuviera 15 años...", añorando haberme conocido de otra forma, teníamos tanto amor, y nacimos tan a destiempo pero con un lazo tan fuerte. Ahora yo te digo,
si yo hubiera tenido 50 años...
(Me duele pensar
que ahora para hablar de vos
necesito usar verbos en pasado,
no en presente
y en futuro muy inciertamente).
Incondicional fue mi amor por vos, e incondicional será también mi dolor. Desgraciadamente, es un dolor que no me voy a poder quitar, y voy a tener que aprender a convivir con él, purgándolo de vez en cuando, cuando te recuerde (y si me habrás dejado recuerdos, maldita tu omnipresencia), y a mí me encanta recordar. A nosotros nos encanta recordar.
¿Te acordás de mí todavía, estés donde estés, seas lo que seas?
Ojalá obtuviera respuesta. Ojalá recibiera una señal, ojalá tuviera una sola fe dominante, ojalá no hubiera aprendido de tu natural antropología. Eras tan humano.
Siempre supiste que me ibas a doler en el fondo del pecho. Pienso en vos más de tres minutos y se me retuerce el centro del cuerpo, se me encorva la espalda, se me tuercen las cejas buscándote en el cielo,
las comisuras de la boca se me disparan hacia algún lado donde puedan retumbar en su grito de angustia eterna, se me quiebra la voz,
no hay notas musicales en la octava de la vida que puedan describir un sentimiento posterior a la muerte, las voces son para la vida, pero en la muerte no sé que hay -más que lágrimas-.
Mi mirada se torna intensamente perdida. Me pierdo recordándote, me pierdo llorándote, me pierdo amándote. Sin vos me pierdo. Pero tus cosas, todas las cosas que tocabas quedaban brillantes, se relucían en su historia, enorgullecidas, por más insulsas, vanas o vagas que fueran, se relamían las extremidades que les admiraste, que les acariciaste: el reloj se relamía en su mugre que tanto te llamó la atención, la lámpara se relamía en su cabeza sin foco que tantos sentimientos y poesía te generó, la camisa vieja en su intenso y violáceo color, el boleto del colectivo en el simple hecho de ser un boleto de colectivo. Y todas esas cosas me recuerdan a vos, y como son cosas, las tengo que mirar, y ahí es cuando no me termino de perder. Porque me quedo mirando.Sin vos me pierdo, pero tu inteligencia sabía cómo seguir guiándome aún ausente. Me dejás pistas, destellos, en cada paso que hago en el camino de mi vida. Gracias a vos sigo recorriéndolo. Me vas a guiar eternamente.
Y voy a cumplir tus proyectos, voy a recordar tus promesas, voy a hacerte feliz estés donde estés, porque vos me seguís alegrando la existencia (¿tendrá algo que ver el apellido?) . Pero ojo, también me la entristecés, muchísimo, por el hecho de que no vas a ser vos quien me acompañe en esto. ¿O sí? ¿Cómo puedo saberlo? Papá, por dios, respondeme. Una caricia, una mirada, una señal, algo. No me dejes así.
Anya se quedó con tu elevación. Jero se quedó con tu paz.
Yo me quedé con todo el resto, papá.
¿En serio creés que soy tan fuerte?
De solo escribirlo ya estoy llorando.
Qué voy a hacer ahora.
Amor y odio en vida. Alegría y tristeza luego. Obviamente, siempre conviviendo. Si me harás luchar, eh.
No sé cómo agradecerte todo esto.
Espero con ansias la muerte, no porque no soporte la vida, sino porque te añoro, y espero encontrarte en el famoso sendero de luz blanca al mundo espiritual (¿se llama así?), abrazarte tu hermosa panza de oso y volver a tener 15 años, y volver a reírme con vos, y volver a decirte "ku", y volver a charlar de gatos, y vivir todo lo que me faltó vivirte.
Ay papá, me siento tan pequeña.
Eras tan grande, que me dejaste niña aún.
Qué voy a hacer ahora.
Y volver a aquel momento al que no debería volver, porque no debería haber debido pasar aquello que hizo que pasara lo que no me dejó seguir, y que me dejó añorando volver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario